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Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII.
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Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII.

LOTE 83

Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII.

Estimación
3.500 € / 6.000 €

Escuela virreinal. Cuzco. Siglo XVIII.

"San Juan Bautista"

Óleo sobre tela. 

75 x 99 cm. 

 

Nos encontramos ante una clara pintura de las llamadas “meditativas”, en la que el santo precursor aparece inmerso en un paisaje idílico, con tonos vivos y alegres que recuerdan más a un vergel lleno de vida, que a un desierto árido.  No olvidemos que San Juan Bautista -el retratado-, decía de sí mismo “soy la voz que clama en el desierto”.

Vestido con un manto rojo y túnica pellícea, su indumentaria característica, identificamos a este santo con los brazos abiertos, mirando al cielo y rezando, con el Cordero que lo acompaña a su izquierda, la cruz con la filacteria, y el arroyo o río que corre a sus pies.

El precursor aparece justo en el centro de la obra, para que los que contemplamos centremos la mirada en él, convirtiéndose en “la naturaleza viva”, en medio de ese paraíso que lo rodea.

Es evidente que el artista de esta obra plasma a la perfección el paisaje que se solía pintar en el Virreinato del Perú del siglo XVIII, reflejando ese espacio como de clara importancia en muchas de las composiciones pictóricas virreinales.

Se trata de un decorado teatral para “insertar, casi con pinzas” la figura central, y que formaba parte de la devoción colonial, y cuya función principal era reforzar el mensaje doctrinal y devocional de la pintura, haciéndola más cercana, más local y atractiva.  Parece una prioridad estética, pero con un fin doctrinal, un vehículo para la narrativa religiosa, siempre al servicio de “mover a devoción”.

El autor, como punto de partida para crear su obra, no emplea modelos flamencos, sino que usa motivos vegetales autóctonos llenos de flora y fauna locales, poblando las lejanías con colinas, y a la derecha con una pequeña choza para el ermitaño, retirado allí para meditar.

San Juan Bautista, según según la Biblia, no reza oraciones formuladas, sino que su vida es una constante oración de acción, predicación y testimonio, centrada en preparar el camino para Jesús. Su misión, destacada en Marcos 1:3-15, se enfocó en el bautismo de arrepentimiento y en la de la venida de Cristo. 

Sus palabras reflejan una actitud de oración interna:” Es necesario que Él crezca, para que yo mengüe” (Juan 3:30). Un hombre austero que bautizaba en el Jordán para el perdón de los pecados, llamando a un cambio de vida. Un santo, en definitiva, desprendido y dedicado al Señor.