Escuela española. Siglo XVII.
"San Antonio Abad"
Escultura en madera tallada, policromada y dorada.
62,5 x 26 x 14,5 cm.
Como explicaba el profesor de historia del Arte Javier Baladrón, para la catalogación de otro San Antonio Abad para nuestra sala, "San Antonio Abad (251-356) fue un monje cristiano y fundador del movimiento eremítico, considerado el padre del monacato cristiano. Cuenta la leyenda que sufrió una serie de tentaciones diabólicas en el desierto.
Esta orden hospitalaria fundada en el siglo XI tenía como función sanar las enfermedades contagiosas: el fuego sagrado, o de San Antón, la peste y la sífilis. Gracias a la gran cantidad de establecimientos abiertos por esta orden el culto a su “fundador” se extendió rápidamente durante la Edad Media."
Viste indumentaria monacal eremítica, con el hábito marrón de la orden de los antoninos que él fundó, (en nuestro caso va ornado de estofado dorado) porta túnica talar, encima un mato con capucha, simbolizando la humildad de la vida monástica, junto con el cíngulo de cordón en la cintura (que el nuestro no lleva) Su cabeza va cubierta por un sencillo y rústico gorrito.
Porta bastón, que en ocasiones acaba en tau, o cruz de san Antonio, símbolo de la vida futura en el antiguo Egipto, tierra natal del santo). De este bastón, que lo utilizaba como báculo, pende una esquila, atributo de los ermitaños, que empleaba para rechazar los ataques de los demonios, los cuales huían espantados al escuchar su ruido.
En la mano izquierda porta un libro abierto, que lee con atención, del que en ocasiones surgen las llamas del fuego de San Antón. El libro haría referencia a la Regla de los antonitas.
Tampoco falta a los pies del santo, la cerdita o jabalina, su elemento iconográfico más característico, además de su compañero inseparable, simbolizado el amor por la naturaleza y en referencia al milagro que tuvo lugar cuando San Antonio Abad encontró una cerdita o jabalina que se le acercó con sus crías ciegas, San Antonio lo comprendió y los curó, a partir de entones le siguieron toda la vida, defendiéndole de las posibles alimañas con que se encontrara a lo largo de su vida por su condición de ermitaño.