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Escuela napolitana. Siglo XVII.
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LOTE 37

Escuela napolitana. Siglo XVII.

Estimación
5.500 € / 8.000 €

Remate: 5.500 €

Escuela napolitana. Siglo XVII.

"San Francisco de Asís"

Escultura en madera tallada y tela encolada, policromadas. Acompaña de su peana original en madera tallada y dorada.

Medidas totales: 123 x 45 x 34 cm. 
Altura sin peana: 112 cm.

 

Nos encontramos ante una talla de bulto redondo que representa a San Francisco de Asís, vestido con el hábito de la orden, mostrándose éste ajustado a la cintura (se ven los pliegues abullonados en cintura y espalda), y ha perdido el cíngulo de soga con tres nudos, que representan los tres votos de pobreza, castidad y obediencia franciscanos, que se colocaba de soga para acentuar su realismo.

 

El santo, con cabellos y barba oscuros, está representado de pie, en actitud reflexiva y orante, con los brazos cruzados sobre el pecho. Aunque no conserva sus atributos clásicos por la colocación de estas (una cruz en una mano y una calavera en la otra, o un estandarte de la orden con los brazos que se entrelazan con la cruz), el nuestro posee a sus pies, unos libros amontonados, que, según otros modelos iconográficos, se trata de los Evangelios que leía con tesón. Sobre ellos un leve agujero y una huella en el tono y color de la tapa nos habla, claramente, de la ausencia de una calavera que estuvo posada sobre ellos, su querida hermana muerte.

 

Los estigmas de las manos, los pies y el costado son claramente visibles, reconociéndose el último por una hendidura en el hábito. Las heridas recuerdan el suceso de la vida del pobre de Asís: el milagro de la estigmatización en el monte Alvernia durante el día de la Exaltación de la Cruz, en Arezzo (Italia), cuando San Francisco visionó a Cristo crucificado, y desde sus heridas se imprimieron en el cuerpo del santo, materializándose en estigmas.

La escultura, de proporciones medianas, manifiesta el interés del tallista por el estudio de la anatomía fundamentalmente, y la calidad de los paños (aun siendo encolados, pero perfectamente integrados) simples y austeros, sin estofar, donde su autor quiso, incluso, plasmar detalles minuciosos como un hábito parcheado, en el que se ven los pespuntes de cada parche, con un tono más claro que el de la tela general, aunque las líneas del mismo sigan siendo más bien lisas y caídas, sin movimiento ni raptos de aire o pliegues.

En cambio, su autor, sí acertó a lograr la consonancia entre el movimiento rectilíneo de y el naturalismo del gesto, de profunda humildad, tal y como predican las virtudes de la orden franciscana.

La cabeza está resuelta con el empleo de la denominada “máscara” (segunda pieza de madera, tallada externa y exclusivamente para el acabado del rostro, facilitando así la incorporación de los ojos de cristal en el interior de la pieza), y favoreciendo al autor el acabado de las carnaciones, una técnica muy extendida en la imaginería barroca de los siglos XVII y XVIII.

Desde el punto de vista cultural, nos encontramos ante un momento en el que los encargos artísticos fueron mayoritariamente eclesiásticos. Tanto catedrales como órdenes religiosas, centraron su interés en el encargo de retablos y tallas exentas, algunas de pequeño formato para su uso devocional en capillas y oratorios. Una obra, la nuestra, que nos invita a observar, meditar y guardar silencio.