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Escuela novohispana o virreinal. Siglo XVII.
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LOTE 88

Escuela novohispana o virreinal. Siglo XVII.

Estimación
6.000 € / 9.000 €

Escuela novohispana o virreinal. Siglo XVII.

"Doctor Divino y Angélico Tomás de Aquino"

Óleo sobre tela. 

170 x 128 cm. 


Representación del Santo dominico y Doctor de la Iglesia, Tomás de Aquino, con exquisita y fina pincelada, mostrando al máximo la “verae” iconografía del santo fraile italiano, acercándose mucho a un retrato psicológico.

Santo Tomás de Aquino fue un teólogo, filósofo y fraile dominico italiano de la Edad Media (1225-1274) que integró el pensamiento de Aristóteles con la teología cristiana, escribiendo obras maestras como la Suma Teológica, y defendiendo que la fe y la razón son complementarias. A pesar de su origen noble, se unió a los dominicos y, aunque secuestrado por su familia, estudió en Colonia, siendo discípulo de San Alberto Magno, y más tarde profesor de la Universidad de París donde enseñó, y se ganó el apodo de "buey mudo" por su carácter contemplativo y reflexivo. Su legado influyó profundamente en la filosofía y teología occidental, y su vida se dedicó al estudio, la predicación, y la enseñanza de la verdad.

Un verdadero retrato por completo, donde la mayoría de los atributos iconográficos que lo definen están presentes. A continuación los desgranamos:
- el Sol, con una cadena de oro a su pecho: representando la luz universal de su doctrina y la iluminación divina que recibió.
- las Alas, a sus espaldas: alas que lo apodan como “Doctor Angélico”, fruto de las cualidades celestiales de sabiduría e inteligencia que poseía.
- Libros, escritos y pluma: simbolizan su vasta obra escrita y la forma en que transmitió la doctrina de la Iglesia. En el libro leemos adjetivos que él mismo emplea sobre Dios: "BONE PASTOR", "PANIS VERE" (Buen Pastor, Pan Verdadero) y "TU REX, NOSTRI MISERERE" (Rey, ten piedad de nosotros).
- la Paloma, representada volando y susurrándole al oído: simboliza la guía del Espíritu Santo en su escritura.
- la Mitra tirada por los suelos: símbolo del obispado que rechazó cuando el papa Urbano IV se lo ofreció.

Un retrato psicológico del santo, con un rostro que muestra un hombre incrédulo con rasgos toscos y humano, nariz aguileña, nada idealizante, con cierta timidez y mirada inquisidora, que enfatiza más su duda honesta antes que la certeza de su fe. Es, asimismo, interpelante. Mira de frente y fijamente al espectador, que podría ser el Obispo o Cardenal dominico representado arriba a la derecha con su escudo episcopal, quizá por ser Santo Tomás su referente teológico, por devoción al Santo de su orden, o incluso, porque llevara su nombre, y contemplar a su santo patrono le sirve de inspiración.
Sentado en su frailero, con actitud reposada y mano caída, el Divino nos mira teniendo a su lado a su Divinidad (Cristo crucificado en la mesa), fuente de su inspiración y fortaleza.

En su delicada pincelada, el autor aplica pan de oro (pasamanería y pompones del frailero, y cadena con Sol en su pecho), realzando la sacralidad del espacio y de la figura retratada, imitando un espléndido sol divino, conectando con la iconografía religiosa europea, y aludiendo a un retrato a lo divino y a un espacio casi espiritual que alberga un ser también espiritual.